Vulnerable, centralizada y dependiente: las flaquezas de la no tan perfecta e-administración de Estonia

Ni envases de sült, la popular carne de cerdo cocinada en mermelada que destaca entre la gastronomía autóctona. Ni uno de los vistosos pañuelos con que se recogen el cabello las mujeres que lucen el traje tradicional. Lo que en el verano de 2017 regaló Estonia a los invitados a la ceremonia con la que asumió la presidencia rotatoria del Consejo de la UE fue un “condón USB”, expresión utilizada por los propios diplomáticos de la república báltica para referirse a una pequeña herramienta que permite cargar dispositivos móviles vía USB sin riesgo de que se pierdan datos o instalen virus. Más allá de la anécdota, el gesto —seguro que bien estudiado por el marketing estatal estonio— pretendía lanzar dos mensajes a sus colegas europeos: primero, Estonia es sinónimo d I+D+i; segundo —y tal vez el más importante aviso a navegantes— esa tecnología es segura.








